Entrena la percepción del movimiento

La percepción del movimiento es lo que sientes cuando haces actividad física. Si eres un deportista fitness, o aficionado a alguna disciplina, lee con atención este pequeño artículo. Si quieres mejorar tus habilidades, te interesa.

Todos tenemos los mismos patrones básicos, practiquemos el deporte que practiquemos. El entrenamiento funcional debe ser la base de cualquier disciplina deportiva. LynxCross te ayuda a mejorar en tu deporte, por que te ayuda a percibir lo que haces.

Entrena la percepción del movimiento por medio del entrenamiento funcional.

El SNC (sistema nervioso central), se define como la vía por la que fluye la información del cerebro hasta las partes del cuerpo que deben implicarse en el movimiento. Pero en cierto modo, el SNC es inteligente por sí mismo.

El SNC es la vía por la que fluye la «información»

El entrenamiento de la percepción se produce (con mayor o menor acierto), siempre que se realiza un movimiento, sin apenas enterarte. 

Se puede incidir sobre ello, al igual que se pueden realizar trabajos donde predomine el aspecto metabólico, la técnica, el equilibrio… Pero eso solo se entiende así cuando hablamos del cuerpo habiendo seccionado en partes con funciones concretas. Pero en realidad todo sucede a la vez. 

Las neuronas, y en sí las placas motoras que inervan el músculo, actúan en su debido tiempo.

Si quieres ganar resistencia realizas repeticiones e incluso series de repeticiones. Pero al mismo tiempo trabajas todos los demás aspectos. La tecnología del deporte te permite trabajar en mayor medida una cosa que otra. Pero no debe realizar disociaciones absolutas. Es un error intentarlo y es un planteamiento muy común. No es lo mejor si quieres entrenar la percepción del movimiento.

El YO pensante y el intuitivo.

Como deportistas, sea cual sea nuestro nivel, deberíamos buscar la manera de incidir en mayor medida en la percepción, las sensaciones y dejar en segundo término, el entendimiento intelectual de lo que hacemos. Así es como respetamos las pautas funcionales de nuestro SNC: no diseccionando, sinó integrando, tal y como hacen los niños cuando aprenden a andar. 

Ni las emociones escapan al movimiento, una muestra de expresión corporal.

Es en este momento cuando la técnica, la fuerza y el equilibrio dejan de existir de modo individual, y se interpretan como uno solo. Del mismo modo que al moverse, los músculos no son nada si no se plantean como elementos totalmente integrados en cadenas de músculos, que a su vez no son reconocibles por sí mismas, sino que dan origen a lo que realmente puede ser interpretado por nuestro SNC: los patrones gestuales dinámicos y posturales. La clave de todo el conjunto, de la expresión física y mecánica del individuo, está en la percepción de nuestro cuerpo en movimiento y de su posición en el espacio. Así se entrena la percepción del movimiento.

Cuando vayas al gimnasio, no pienses, concéntrate en las sensaciones: el equilibrio y el esfuerzo. Percibe.

La percepción es el motor de lo indisociable. Es el nexo de todo.

Lo quiere abarcar todo.

El razonamiento ¿Una baza o un estorbo?

Voy a referirme a partes y funciones concretas de nuestro cuerpo en tercera persona: el sistema nervioso central (SNC), el cerebro, las cadenas cinéticas… pero entendemos que hablamos de órganos y sistemas que forman un organismo, que unos dependen de otros (aunque tengan cierta autonomía funcional) y que ese organismo somos nosotros. En definitiva, que todos ellos son el individuo.

Un practicante está en disposición de resolver una secuencia de movimientos, en el gimnasio, en la pista de pádel, en el campo de fútbol… el cerebro más primitivo trabaja a pleno rendimiento. La inteligencia cognitiva también quiere expresarse y llega un punto en que peca de entrometida.

Reflejos, equilibrio dinámico, rapidez… técnica.

¿Por qué sucede esto?

Es una cuestión de educación, en el momento en el que se entrena la percepción del movimiento y los educadores, o sea, los entrenadores y técnicos deportivos, tenemos parte de responsabilidad.

Vayamos a la raíz del problema

El cerebro lo estudia todo, incluido a él mismo; el organismo al que pertenece.

Reconoce funciones, hace una lista de las cosas que puede hacer y está empeñado en descubrir cómo.

En dicho estudio “disecciona” el cuerpo, detalla la función de órganos, reconoce sistemas y les pone nombre. Esto responde a un proceso de estudio analítico, y está realmente muy bien. 

Así se aprende la teoría, no a moverse.

El resto de criaturas que pueblan el planeta no hacen esto y se mueven tanto o mejor que nosotros por la faz de la tierra. Pero no tienen la capacidad de entender, a nivel cognitivo, como funcionan.

Nuestro yo-explorador-racional saca conclusiones claras y descubre por ejemplo, los mecanismos de la fuerza y como la fuerza química se expresa en fuerza mecánica, y eso es realmente estupendo.

Es tarea de los científicos descubrirlo (estudio de la biología humana), y del entrenador aprender para aplicar los estímulos necesarios a sus entrenados (desarrollo técnico).

Por todos es conocida la expresión «ciencias del deporte» (especialmente para los licenciados), pero tengamos en cuenta que el entrenador no es un científico, es un técnico. El entrenamiento no es una ciencia, es una tecnología.  

Para tu SNC, la fuerza y la técnica van de la mano.

En mi opinión, la transmisión de conocimiento hacia los entrenados por medio de la divulgación verbal, es un sistema de enseñanza sólo justificado si su cometido es satisfacer la necesidad de conocimiento intelectual, como es la intención del presente escrito.

En cambio, para lograr una mejora de la praxis, es un sistema de enseñanza discutible que en ocasiones confunde al practicante.

Existe la idea que para moverte mejor debes priorizar la técnica a la fuerza. Es una directriz que solo confunde al practicante. 

El SNC (que desde hace milenios es el responsable de mover estructuras por el mundo) no sabe que es la técnica ni la fuerza, y si prestamos atención a sus pautas de aprendizaje, y parece ser que le importa más bien poco.

En pocas palabras: a efectos prácticos, fuerza y técnica es una ejecución única. Evoluciona al unísono. Están totalmente integradas. No hay distinción. Es una sola cosa.

La clásica imagen del músculo esquelético, es muy recurrente cuando se habla de deporte, pero el tejido adiposo subcutáneo, es fundamental tenerlo en cuenta. Por ejemplo, puede ser una resistencia contra la que luchar cuando nos movemos, o incluso puede ser beneficioso en deportes de fuerza, en los que la grasa acumulada en la zona abdominal puede ayudar a mantener la estabilidad en una sentadilla profunda muy pesada. La grasa afecta al rendimiento, y lo puede hacer en sentido negativo y positivo.

Esta idea, es lo que yo reconozco como “rechazo a la idea de reemplazo”, o sea pasar de: “para moverme técnico, debo realizar el menor esfuerzo posible”, a “cuanto mayor destreza: mayor eficiencia y eficacia”. 

No debemos reemplazar la técnica por la fuerza, puesto que no funcionamos así realmente. Esa dualidad es una abstracción generada del resultado de un trabajo descriptivo. En mi opinión, nuestro SNC no hace diferencia funcional entre técnica y fuerza. Así se entrena la percepción del movimiento.

Así pues, «nuestro» SNC, no funciona con pautas basadas en lo que descubrimos por medio del pensamiento de análisis. Por ejemplo: al movernos no reconocemos músculos, ni tan siquiera cadenas musculares. Solo patrones de movimiento almacenados en una “database” de registros de movimientos, que el aparato locomotor genera por medio de ensayo error, basándose en sus posibilidades, lo que incluye reproducción de pautas por aprendizaje adquirido, ejecución casual (intuitiva) y limitaciones (ejecuciones en las que pueden producirse variantes motrices causadas por lesiones o molestias físicas – reflejos de tipo antiálgico- o causa de stress producida por factores externos, etc.).

El equilibrio y la propiocepción, son fundamentales en expresiones de fuerza complejas, en este caso la practicante está a una baja solicitación de fuerza, cuanto más sobrado vas, mas fluido es el movimiento.

Cuanto más practique el individuo, mejor optimizará la ejecución. Si todo está en su sitio y en condiciones, los distintos integrantes de la cadena cinética se coordinan, y escalar, levantar peso, lanzar un objeto o bailar Salsa se convierte en una experiencia maravillosa.

De poco nos va a servir empeñarnos en gobernar desde nuestro yo-pensante, pautas de comportamiento basadas en diálogos internos del tipo “debo moverme técnico, porque así haré menos fuerza y lo que me permitirá economizar energía y de ese modo todo fluirá”.

Si paramos a pensarlo un momento, que nuestro cerebro pensante pretenda dar lecciones al mayor responsable del movimiento, el sistema nervioso, se antoja algo pretencioso. El primero sabe lo que quiere, pero es el segundo quien gobierna la ejecución motriz.

La clave está en esto: entrena la percepción del movimiento.

Christian Ducos
Entrenador y creador del método LynxCross.

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