Cuando un deportista se mueve de manera fluida y rítmica, muestra su maestría. Pero cuidado, porque no significa que la fluidez optimice tu potencial. La fluidez y el ritmo en el deporte está lleno de mitos. 

Seguro que te parece ver fluidez en esta imagen. La fluidez es un concepto que en términos deportivos puede tener distinto significado.

Hay una cosas que ha hecho mucho daño en la mente colectiva: la necesidad de fluir porque sí.

Bruce Lee dijo: “Sé agua, amigo”, pero con todos los respetos y salvando las distancias, yo me voy a mojar más.

Está en nuestro recuerdo colectivo la campaña de anuncios publicitarios que rescató esa entrañable entrevista en la que Bruce Lee, nos iluminaba con ideas tan inspiradoras como ser adaptables como el agua. 

La idea de base es que el agua fluye, y en ello se adapta al terreno y coge la forma del espacio en el que está. 

 Fluir parece ser bueno para todo. Parece tener la respuesta a la perfección del movimiento. En términos filosóficos y románticos está muy bien. Otra cosa es en términos estrictamente deportivos. Es en este punto que la necesidad de fluir por fluir pierde todo su sentido. Sinceramente dudo que tengamos claro que es la fluidez.

Para entender lo que es la fluidez en el movimiento deportivo, deberíamos conocer la diferencia entre la sincronía y la asincronía del movimiento humano.

Contrariamente a lo que podríamos pensar, Bruce Lee no se caracterizaba por ser precisamente fluido. Todo lo contrario: era rápido, explosivo y sincrónico, y podía serlo de modo estático y dinámico. Y no, no me estoy contradiciendo.

La Asincronía (fluidez) se expresa en la realización movimientos suaves de baja intensidad, que no requieren precisión. Esta característica da lugar a márgenes de imperfección en el movimiento, entendidas como procesos que no requieren ser perfectos, puesto que la carga de la ejecución se sitúa por debajo del 85% de intensidad en términos absolutos.

Correr largas distancias no requiere de movimientos perfectos, ya que no es una actividad a máxima intensidad. La asincronía logra la eficiencia en el movimiento.

Dichas imperfecciones no deben considerarse como errores de proceso, sino todo lo contrario: son precisamente lo que nos permite ser eficientes (que no eficaces). Gracias a dicho margen de “imperfección” del movimiento, fluimos y dicha fluidez nos permite encadenar efectos de balanceo y fuerzas varias, por medio de sinergias que propicien el dinamismo.

La Sincronía de lo contrario, es una expresión de los procesos gestuales (con o sin movimiento) que se caracteriza por ser todo lo contrario a la fluidez. Es el mecanismo que permite la «perfección» del movimiento, entendiendo «perfección» como la expresión mecánica sin márgenes aleatorios.

Correr a máxima velocidad requiere de movimientos perfectos. La sincronía logra la eficacia en el movimiento.

Es precisamente en esfuerzos superiores al 85% cuando se expresa esta necesidad. Los movimientos son mecánicos, cada movimiento de nuestras extremidades se agudiza en una dirección determinada de los tres ejes espaciales. Se caracteriza por la tendencia que tiene el individuo a compactar la estructura, o sea expresar una mayor rigidez del cuerpo.

Un ejemplo de asincronía es un corredor maratoniano en acción. El balanceo de los brazos denota suavidad en el movimiento, fluidez.

Lo contrario sería un corredor de velocidad. Sus movimientos se nos antojan convulsos. Cada braceo es un calco del anterior. Las zancadas son violentas, mecánicas y muy bien medidas.

La danza clásica sería un ejemplo de fluidez (asincronía) y el levantamiento de peso en halterofilia es sincrónico por excelencia.

La fluidez es realmente algo extraordinario, pero no mejor que la acción no fluida. Cada una tiene su cometido, todo depende de si te estás enfrentando a un problema de fuerza o resistencia.

En LynxCross incorporamos Animal Flow, una escuela de movimiento en el suelo, basado en ejercicios que realizas con tu propio peso. Ésta práctica agrupa movimientos de distintas disciplinas para crear coreografías: los Flows.

Ciertamente debemos fluir, pero eso solo sucede cuando tenemos muy integrados los movimientos. Es entonces cuando la intensidad de los mismos desciende y podemos fluir realmente.

La fluidez, es una característica biológica, difícilmente reproducible en máquinas. Siempre pongo como ejemplo a Asimo, el robot humanoide de Honda. Cuando lo descubrimos en su presentación oficial televisada, era la máquina que mejor imitaba el desplazamiento humano. Solo le faltaba algo: naturalidad. Asimo no era fluido. 

El movimiento de una máquina es por lo general sincrónico incluso en movimientos precisos. Por este motivo nos parece poco natural.

Una máquina no puede representar la imperfección del movimiento ya que está programada para ser técnicamente perfecta. Un humano o un animal, consiguen desarrollar la técnica que les permite sacar partido de la «imperfección» y a la vez, dar calidad al gesto por el bien de lograr eficiencia.

Actualmente los robots empiezan a ser algo menos sincrónicos, o sea más fluidos. Ignoro si lo consiguen por medio de algoritmos, computación cuántica o es algo simplemente mecánico. El caso es que un ejército humano puede conseguir una marcha militar con movimientos extraordinariamente mecánicos (sincrónicos).

Que una máquina consiga fluidez es más difícil. 

Así pues la técnica, la fluidez, el dinamismo y la sinergia no tienen por qué ir siempre de la mano.

Se puede ser muy técnico y no por ello fluido (como Asimo). De igual modo se puede ser dinámico y fluido: ese lance espectacular que realizas sobrado pero que impresiona a todos.

Correr en terreno inestable o irregular, requiere de constantes correcciones. Por este motivo es difícil correr a máxima intensidad, ya que sprintar, requiere movimientos toscos sin corrección posible. Requiere sincronía. Correr en caminos con piedras y raíces, requiere de fluidez.

Se puede ser dinámico y no fluido, ese lance que solo realizas una vez de cada 10 y que requiere la máxima precisión, o sea sincronía, puesto que con solo separarte un centímetro de la pared no lograrás alcanzar la presa.

Eso sí, en todos los casos, si se consigue el éxito en la acción, se produce sinergia: la capacidad de hacer trabajar todas las partes de tu cuerpo implicadas en el movimiento de manera coordinada.

La mayoría de veces en los “crux” de una vía, es más necesario ser sincrónico que fluido, ya que la dificultad se expresa generalmente con secuencias de movimientos duros, incluso aislados.

Si consigues percibir tus acciones sincrónicas, diferenciarlas de las asincrónicas y decidirte por una u otra, interferirás sobre el ritmo y pasarás a dominar un nuevo concepto del mismo. 

Pero ¿Qué es realmente el ritmo? Atención a la próxima entrada de nuestro blog.

Christian Ducos

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